Existen lugares que se convierten en hogares a la velocidad del rayo de aquella tormenta que nos cautivó, aquella que vivimos y que como dos verdaderos visionarios de cualquier exceso u alarde tecnológico, nos negamos a fotografiar. Vivir, aquello que ocurría a diario mientras tratábamos de arreglar vidas ajenas. Mientras ocupábamos parte del tiempo en  decidir qué vino beber, dónde, y con quién.

Han pasado casi nueve años desde que el cielo te dijo que ya tenías la verde pradera lista para que la decoraras, y qué poca vergüenza la tuya haberme dejado a mí al cuidado de todo aquello que nunca supe guardar, supongo que ahora te habrás dado cuenta, y es que hay cosas que nunca cambian mientras uno siga siendo él mismo, ya sabes, he aprendido algo acerca de mentes, manías, trastornos e infelicidad.
Te aseguro que si llegas a levantar la cabeza en algún momento de éstos últimos años, te vuelves a morir, te hubiera dado tal ataque de ansiedad que no sé si todo el Borgoña del mundo  hubiera conseguido paliarte la crisis, ya sabes que nunca se me ha dado bien eso de tomar decisiones.

fuegos artificiales

Descubrí que seis tonos eran suficientes para darme cuenta de que no ibas a responder, el problema no eran los malditos seis tonos, si no el número de veces que tenía que escucharlos para cerciorarme de que todo aquello no era una pesadilla, un mal sueño, un exceso de alcohol en una mala cena. Mierda…

Confieso que llevo bien las derrotas porque he conocido pocas victorias, aunque las batallas perdidas han sido mi mejor guerra ganada. La vida, esa suma y resta de síes y noes, de aciertos y desaciertos, de besos y adiós, de sí pero mejor no.
Te reirías mucho de los pensamientos que tengo, joder, últimamente pongo mucho los ojos en blanco y chasqueo la lengua a modo de desaprobación, creo que estoy harta de todo y que nada puede sorprenderme, no soy pesimista ni padezco una depresión, con lo que me ha tocado vivir creo que de ser así, ya te estaría haciendo compañía en la verde pradera, tranquilo, mientras haya vino y  música, aquí abajo seguiré, eso sí, haz algo para que esto cambie colega, pues pesan los km como losas atadas al cuello, y es que  la gravedad, ya impone sutilmente su injusta ley.

 

Corramos por calles llenas de adoquines que nos destrozaban los zapatos, a ti los italianos y a mí los internacionales que sacabas de habitaciones con percheros y mala luz.
Cojamos un taxi cuyo conductor se detenía con recelo por las pintas y las risas.
Bebamos la mejor de las botellas de aquella semana con un trozo de croissant del día anterior.
Soñemos y hagámoslo realidad al día siguiente.
Cocinemos juntos y seamos tan enérgicos que ésta se nos queme.
Mirémonos y estemos de acuerdo con el silencio que todo lo aclara.

pareja amigos

Confieso que odiaba ese juego de conquistar territorios y organizar batallas, me aburría sobremanera y en más de una ocasión te lo hubiera estampado en la cabeza, recuerdo cómo te enfadabas cuando me levantaba en medio de una guerra y me iba a mojarme con esa lluvia gris y eléctrica de ciudades que parecen mejores cuando las nubes se tornan plomizas.
Ya no siento nada, pero me da miedo que la magia de mi alma cansada se escape. Me aterra despertar un día y que todos esos recuerdos que me reconcilian el momento se desvanezcan como casi todo aquello que me ha importado, amado y necesitado. Amargas risas en la cama cuando bromeabas sobre tu suerte, el humor siempre nos ha hecho creernos más fuertes.
Ninguno de los dos ha tenido mucha suerte en esto del azar, los dados y la fortuna. Pero si lo pensamos mejor, tal vez encontrarnos fue la mejor de todas, porque pasan los años, los veranos, la firmeza en la piel, el rostro se ve más cansado y menos vivo, las manos se llenan de aspereza y lunares extraños (demonios qué feo es esto de hacerse mayor, mira, algo de lo que te libras pues siempre serás un lozano treintañero. Fuiste listo hasta para escoger cuándo morir) pero tú y yo seguiremos unidos más allá del tiempo, los agujeros negros, los maridos, y los malos vinos.

 

“Dime si soy para ti ese problema,
dime si hoy por hoy vale la pena,
dime si vas a empezar otra vez, mejor dejarlo como ayer,
mejor dejarlo como ayer,
dime si soy para ti ese problema,
dime si hoy por hoy vale la pena.
Soy como una sombra detrás de tu almohada,
soy como una sombra que ha perdido el alma,
mejor dejarlo como ayer…
Ay de ti si llevo la razón”.

Problema

Ketama