Llegaba un nuevo día y con él, la posibilidad de recorrer el camino juntos, de seguir aprendiendo, de luchar  para que nadie nos arrebatara aquello que siempre nos perteneció, es curioso como el azar se empeña a veces en bloquear caminos para que sigamos demostrándonos lo empeñados que estamos en seguir hacia delante, en continuar el trayecto, tan repleto de luces y sombras y que además. es nuestro.
Llevo tu nombre en la frente y voy oliendo las flores, y por más que tarde en llegar la primavera, mi corazón está repleto de ella, y cada vez me da menos miedo arriesgar sabiendo que eso es lo que quiero.
En ciudades de varios colores, es un privilegio encargarse del gris de los demás, y sonreír como si al hacerlo se rompieran los hechizos de los cien años malditos y las ruecas maléficas. También de aquellos que presumen de saberlo todo acerca de los errores ajenos y que rara vez reflexionan sobre las derrotas internas.

Tengo una bola de fuego que se está cargando las flores, esta bola está en el pecho y solo prende, solo prende.
Lo único que me importa son las flores que me miran, haré lo propio y las regaré.
Si me quedo en silencio tampoco las oigo llorar, quiero aprender de su llanto, y entender que a lo mejor tan solo se trata de agua…

A esas horas, el sol iba sin prisas y la luna coqueteaba con una estrella lejana, el aire arrastraba aventuras de una noche ampliamente vivida.
El olor a pan viajaba por las calles empedradas despertando así los sentidos dormidos, y era esa hora en la que no sabes si madrugas o trasnochas, si te retiras o empiezas, si vives o sobrevives, si sientes o padeces.
Era esa hora en la que el mundo empieza a vivir al compás de los cafés y las barras de pan calientes.

fachada casa inglesa

Mi corazón latía fuerte y desordenado, una imagen, la tuya,  flotaba a mi alrededor, sentía la certeza de que sólo se  trataba de ti, y sabía que todos éramos especiales  hasta que alguien llegaba y nos hacía únicos, era nuestro caso.

Y todo cobró sentido, las piezas de puzles olvidados aparecieron para completar a aquellos pobres mosaicos huérfanos, desprovistos de cualquier final.
Y todo se ordenó en el horizonte de las utopías y las noches revueltas.
Y todo volvió a llenarse de luz en el paraíso de la penumbra, y de árboles caducos se formaron las mejores alfombras negras, y conseguimos que los pies siguieran a nuestro corazón, y descubrimos que ahí se hallaba la felicidad. Entonces comprendimos que estábamos unidos, que algo infinitamente perdido y distante seguía uniéndonos a través de la duda y el error.
Aprendí que la vida puede durar un cruce de miradas en medio de una tormenta, que aquello era un regalo, que era más que suficiente.

 

chica escaleras

 

Cuídate de los que saben escribir, pues tienen el poder de enamorarte sin siquiera conocerte, (…) dijo alguien una vez.

“Todos me hacen sentir
como si quererte fuera algo malo.
Yo no elegí este camino,
es el camino quién me ha encontrado”

Destino
Clairel Estevez