-¿Estás segura de que todo irá bien?_ pregunta Inés con la mirada perdida entre la copa y el suelo.

-Todo saldrá genial, ya lo verás, es cuestión de tiempo y vino, le respondo firmemente tratando de que mi rostro refleje la convicción más absoluta.

Inés me devuelve la sonrisa, estupendo, eso significa que me cree y podemos pedir una segunda copa que sepa más a uva y menos a fracaso sentimental.

Nos despedimos con la promesa de un silbido que anunciará una inminente urgencia por parte de la novia melancólica afectada de insomnio y rabia.

Llego a casa, me quito los zapatos y abro el frigorífico, dentro hay una lechuga digna de estudio científico y tres huevos que mejor no romper, me ocurre todas las semanas, me prometo hacer la compra y dejar de sobrevivir a base de tostadas, vino y algo de queso que compro a última hora de la noche en la tienda paquistaní de la esquina, pero claro, eso nunca ocurre, son como las promesas que le hago a mi madre acerca de lo bien que me organizo, lo mucho que duermo y la de litros de agua que me bebo al día.

9f4 23578f8f625da73c737333b507dcf853

Me siento en el sofá con una copa de vino que alguien trajo a mi casa en la última cena que organicé, enciendo el contestador y una voz familiar y fría que sigue provocándome un nudo en el estómago recita un “Hola, soy yo, he tratado de localizarte en el trabajo, pero no me has devuelto ninguna llamada, me gustaría hablar contigo, estaré trabajando hasta tarde, llámame a la hora que sea, te echo de menos”.

Cierro los ojos y apuro la copa de un largo sorbo que apenas saboreo, mis sienes laten como dos caballos salvajes en una verde pradera, mil pensamientos agolpados en el estómago y las repentinas ganas de asesinar a alguien. Me echa de menos, genial, es justo lo que necesitaba escuchar a estas horas, tras la deprimente sensación de abandono que me provoca el cruel frigorífico cada vez que lo abro, ahora, que tengo ganas de llamar a mi madre y pedirle que arregle mi habitación, rogarle que me cocine cualquier cosa, y dejarme arropar, ahora, ahora tiene que sonar un te echo de menos.

La noche en que me fui, él estaba sentado en su lado de la cama observando como yo llenaba una maleta y vaciaba cajones de una cómoda que habíamos montado juntos, recuerdo la tarde y recuerdo el amor con que lo hacíamos todo, cualquier gesto diario, cotidiano y absurdo, lo elevábamos a un plano extraordinario, éramos dos personas que disfrutaban de la presencia del otro, sin importar nada más.

ab71a9394b7b91b2a2e5fa5a16d5f05c

Le contemplaba en silencio con el corazón roto por el dolor y la pena, por  las dudas, por el miedo, porque en realidad no quería que aquello acabara, me preguntaste qué podías hacer para que yo cambiara de opinión, te miré serena y valiente, decidida a deshacer la maleta y arrojarme a tus brazos si dabas con la respuesta al acertijo, dame un motivo te dije mirándote fijamente, explícame que puedes hacer para que yo pueda volver a confiar en ti, dime porqué has permitido que nuestra relación se escurra entre tus dedos.

Fue inútil, no hubo ninguna respuesta y tampoco hubieron motivos.

Salí de aquella casa, de la que había sido nuestra casa durante más de cinco años sin mirar atrás, salí con lágrimas en los ojos pero con fuerza bajo mis pies, de eso hace ya más de un año. Ha sido un año contradictorio, agridulce y un tanto extraño, ha sido un año vivido día a día sin sombras de mañanas y planes de vacaciones, he aprendido a estar sola, a no morir de un infarto durante las noches de viento y ruidos extraños, ha sido un año de superaciones y retos que ahora me sabe dulce, a pura victoria. Un largo año en el que logré dejar de formar parte de un vacío “nosotros”, para inaugurar una vida sin sombras, para luchar por un año que fue vencido y superado.

tumblr_mbsykspq5Q1r251tno1_500

Pienso en Inés, sé bien lo mucho que duele y el largo camino que aún le queda, pero sé también que un día se deja de llorar y se empieza de nuevo, sé que un día las nubes negras se disipan y el sol empieza a filtrarse entre ellas.

Sonrío mientras alargo la mano para coger el teléfono, echo un vistazo a los mensajes que se acumulan en la pantalla y me detengo en uno que dice ” ¿De verdad crees que irá bien?, compruebo la hora y pienso que tal vez la tienda de Ahmed aún permanezca abierta, tal vez con un poco de suerte hoy puedo cenar en condiciones y llamar orgullosa a mi madre sin sentirme culpable por mentirle sobre mi saludable cena.

Tal vez esta noche los recuerdos quieran sacarme a bailar, pero lo que ellos no saben es que hace tiempo que yo dejé de bailar con la más fea.