La piel, las ganas, la fortuna, las copas de vino  siempre llenas y la seguridad de saberse invencible no son argumentos suficientes para calmar los agujeros negros que se insertan bajo la piel equivocando las razones y distorsionando los sueños. Somos y estamos pero el hasta cuando es tan incierto como un parte meteorológico de cualquier mediocre aplicación que te descargas gratuitamente.

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Y probablemente la vida sea así, incierta, caprichosa, maestra de lecciones no superadas, de materias que siempre nos esperaban a la vuelta de todos los veranos sin aventuras que contar y ni rastro de bronce en la piel, la vida, tan espejo de todo aquello que un día no tuvimos el valor de observar bajo aquella fría luz. Los años pasan y con ellos los errores se vuelven menos amargos, somos indulgentes con nuestros defectos pensando que hicimos lo que pudimos con las herramientas que poseíamos, tomamos malas decisiones, dijimos demasiadas veces que sí y no ajustamos el no como debíamos, cosas del directo supongo, el caso es que madurar tiene que ser esto, llegar a la cima con ganas de seguir aprendiendo a pesar de las lecciones perennes. Buscar justicia o ahogarse en porqués no sirve de mucho, te toca pasar por aquello que los dados de tu destino deciden, mejor o peor, fácil o difícil, rubios o morenos, veganos o carnívoros, de Dior o de Armani, de playa o montaña, de fútbol o petanca, pero c´est la vie y a ti te encontré apoyado en la barra de un bar con ojitos entreabiertos llevando en tu mochila algunas malas noches y peores decisiones, dos copas de más y diez ideas de menos.

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Y uno vuelve a la vida como si ésta nunca nos hubiese fallado, con esperanza y desafío, mirando fijamente a todos aquellos ojos insolentes que osan no parpadear, volvemos con un sello en nuestra nueva garantía que vale por diez años de nuevos intentos, no será sencillo ni andaremos sobre plano, pero ¿cuándo lo fue?, ¿cuándo lo hicimos?. Dicen que lo más importante es saber atravesar el fuego sin olvidar que te vas a quemar, aplicado a cualquier historia sentimental, sería algo así como firmar el divorcio sabiendo que el tostador te lo quedas tú.
En fin, mejor no pedimos explicaciones a los impulsos.