Cinco de la tarde de un día cualquiera, un día que ha empezado como todos los que tienen algo que contar, con café, con ganas, con una sonrisa que el espejo devuelve y con un montón de inquietudes que se visten despacio y conmigo.
La luz de esas horas tan pálida, tan entre lo que es y lo que quiere llegar a ser, tan sutil como una caricia con guante, tan lienzo en blanco para la imaginación de poetas y enamorados.

Un padre y su hija sentados en una mesa cercana, una conversación apasionada sobre comida, bebida, películas y libros, ella con unos escasos diez años dirige la charla que ameniza con una risa contagiosa, el padre la mira y admira, reconozco el orgullo en su mirada, el mío también me mira así aunque en ocasiones discrepemos sobre restaurantes y costumbres, aunque ese día no tenga mucho que contar y las prisas me impidan disfrutar como me gustaría.
El padre le narra lo que intuyo es parte de un libro, ella atiende con los ojos bien abiertos, apenas si pestañea y no se distrae con nada ni nadie, ambos, aislados del mundo e inmersos en su propio universo de letras y batidos de chocolate, nada existe más allá de su mesa.

Tanta es la ternura que la situación me provoca que sin reparar en ello, me sorprendo escribiendo este post en una hoja de una vieja libreta que siempre llevo en el bolso para ocasiones como esta, en la que la realidad supera a la ficción.
Pienso en qué le diría a mi hija, qué consejos podría ofrecerle y si sería lo bastante inteligente como para no seguirlos.
Tal vez fuese algo así:

 

“Lo único que merece la pena de la vida es vivirla siendo feliz, y no te creas a nadie que te diga que la felicidad no existe, seguramente eso te lo diga algún amargado/a que ha pasado por ella sin saber aprovecharla.
No sigas los consejos de nadie, ni siquiera los míos por mucho que te de la lata con ellos, escucha a tu corazón y no silencies del todo al cerebro.
Aprende a decir no, recuerda que no le debes nada a nadie, sé fiel a tus valores, a tus amigos, a la gente que te importa, y sobre todo a ti misma, no hay somnífero más eficaz que la conciencia tranquila.
Viaja todo lo que puedas y más, no dejes nunca de hacerlo, el día que lo hagas empezarás a morirte, viaja con tu pareja, con tus amigos, con tu familia, y viaja sola, ese es un ejercicio que debes practicar para forjar siempre tu personalidad, sola, sin miedo a nada, hazlo.
Cuida de tus amigos a diario, no dejes nunca de hacer cosas por ellos, recuerda que son la familia que elegimos y en ocasiones mucho mejor que la que nos toca, ellos cuidarán de ti siempre, ya lo verás.
Lee como si no hubiera un mañana (yo me encargaré de eso), lee para aprender a pensar, a sentir, a decidir, a elegir, a querer, lee porque nada definirá tan bien quién eres cómo lo que has aprendido a través de la lectura, hazlo porque será fantástico que sepas que Kundera, Dostoyevski, Nietzsche, no son nombres de superhéroes.
Ama y respeta a los animales, nadie te querrá tan incondicionalmente como ellos, cada minuto que pases a su lado valdrá un millón de veces más que muchas de las personas que vivirán en tus días, con el tiempo te darás cuenta de las lecciones de vida que te habrán enseñado.
No te conformes con nadie que no te ayude a ser mejor, no permitas que ningún cretino inseguro te haga sentir inferior por el hecho de saber decidir, eres fuerte, eres inteligente, eres lista y capaz, no lo olvides nunca.
Tengo claro que amarás la música porque me habré pasado el embarazo y la vida haciendo que crezcas con notas y sinfonías, ten tu propio criterio pero hazles  hueco a Mahler, Debussy, Coltrane, Sinatra, Miles Davis. En la música al igual que en la vida, si no emociona, no sirve.
Veremos juntas un sinfín de películas que serán mucho mejores terapeutas que cualquier consejero emocional sentado al otro lado de un diván con gafas de  pasta marrones y mirada de perro sin dueño, hazme caso y apuesta por cine de verdad. Buñuel, Hitchcock, Kubrik, Huston, Wilder, entre otros.
Aprende a escribir sin motivo u razón, escribe porque todo es mucho mejor cuando lo ves sobre un papel, porque te ayudará en un montón de cosas, porque tal vez sea un camino que te ayude a descubrir otros.
Tienes que saber cocinar, eso es innegociable, es imposible que seas hija mía y no sepas freír un huevo, aprende por y para ti, para convertir tus días libres en fiestas gastronómicas, ama la cocina pues ella es la vida y los que te rodearán te lo agradecerán.
Quiero que sepas que te romperán el corazón cada vez que lo entregues sin que se lo merezcan, es inevitable, a todos nos ha pasado, si, incluso a mi, pero no dejes de entregarlo, no dejes de soñar, no dejes de creer en las personas, yo estaré ahí cada vez que te caigas, te enseñaré a levantarte y seguir, lo haremos juntas cada vez y el día que yo no esté, tu habrás aprendido a hacerlo sola, pero recuerda que debes aprender algo nuevo cada vez que te caigas, eso es muy importante hija.
Entrégate a la vida totalmente.
No juzgues.
No odies.
No seas injusta.
Y pase lo que pase, nunca te vendas.
Guarda esta carta y reléela cuando te sientas perdida, de alguna forma conseguirá que el problema sea más pequeño y la solución más grande”.